No es un tema nuevo. De hecho, lo hemos tratado de pasada en alguno de nuestros programas, pero tenía ganas de desarrollarlo. El mercado ha cambiado de tal manera que solo los más fuertes sobreviven, y en un género tradicionalmente prolífico como el fútbol nos hemos visto obligados a elegir entre dos sagas: FIFA y PES. Cada año contamos con una edición nueva que apuesta por incluir mejoras perfectamente racionadas. Actualizan plantillas, incluyen nuevas animaciones, se ajustan los equipos a nivel táctico y si queda algo en el tintero, inventan un eslogan para promocionar el experimento revolucionario de turno. Los aficionados pedimos una dosis de fútbol periódica, y ese año sabático que vendría genial a ambas partes se antoja inviable.

Pero tampoco quiero irme por esos derroteros. He aprovechado un rato libre para, de nuevo, recurrir a la nostalgia. Soy jugador desde hace más de 25 años y aficionado al fútbol desde que tengo uso de razón, por lo que por mis manos han pasado decenas de juegos, algunos olvidables y muchos dignos de recuperar en estas líneas. Me apetecía contaros cómo he vivido, desde lo personal, ese “efecto embudo” por el que han pasado cantidad de títulos buscando el monopolio que solo dos han conseguido. Desde mis primeras partidas en consolas y ordenadores de 8 bits hasta la actualidad, pasando por los salones arcade, un terreno imprescindible para comprender la historia de este género.

Mis comienzos

Desgraciadamente, mitos como los Match Day de Jon Ritman y Ocean me pillaron demasiado joven. Los he jugado, así como al Emilio Butragueño de Topo o al también genial Konami’s Soccer, con ese sprite bigotudo que practicó numerosas disciplinas en Track & Field y su secuela. Pero evidentemente, al no haberlos disfrutado en su día, no concibo al 100% su impacto en la industria. De todas maneras, no me voy muy lejos en el tiempo si tengo que hablar de mi debut con un juego de fútbol. Concretamente fue con World Soccer para Master System II, fechado en 1987. Recuerdo verlo en la estantería de un videoclub, con una portada que en la actualidad me daría risa, pero que, con 5-6 años, me fascinó. Honestamente, y después de dedicarle muchas horas, el juego no me pareció para tanto. Ni siquiera tenía implementado un scroll en condiciones, pero en su momento era lo máximo a lo que podía aspirar. Lo que me dio rabia, eso sí, fue que las tandas de penaltis –con modo propio- lucían mucho más espectaculares que los partidos. Cuestión de recursos, claro.

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A partir de ahí se disparó mi interés por los juegos de fútbol. El Barça comenzaba su ciclo exitoso, y yo, como cualquier niño, quería emular tanto en el parque como en mis consolas todo lo que veía por televisión. En aquellos tiempos disponía de una NES clónica y una Master System II, y por supuesto, caí rendido como cualquiera a los encantos de Nintendo World Cup (Technos, 1990). Enseguida aprendí a realizar los tiros especiales y a ganar el campeonato de forma sobrada, pero no me importaba repetirlo infinidad de veces. De los Kunio-kun vestidos de corto pasé a los Goal! de Jaleco (1988 y 1992), también para NES. Estos juegos –sobre todo el segundo- me dieron una bofetada en toda la cara. Al realizar pases largos cambiaba la perspectiva a una mucho más alejada (¡Imitando a las cámaras de televisión!). Además, las celebraciones estaban animadas, y más allá del atrezo (que, reconozcámoslo, nos seducía con mucha facilidad), como juego no estaba nada mal. Tenía un ritmo muy realista, y si no me equivoco, nunca encontré un “truco” fácil para meter gol, por lo que el reto siempre estaba ahí.

Coqueteé con algunos juegos más en la 8 bits de Nintendo, como Konami’s Hyper Soccer y sus sprites gigantescos o el limitado Soccer, de 1985. Pero sin duda, el que más disfruté en esta consola fue Tecmo Cup Soccer Game (Tecmo, 1992), o como es conocido en España: el juego de Oliver y Benji. Aunque bueno, debemos matizar, ya que en Japón este juego sí contaba con Atom, Lenders y compañía, pero aquí nos tuvimos que conformar con un rubiales conocido como Robin (dichosas licencias…). La cuestión es que en nuestras cabezas teníamos la serie Campeones, y aunque los partidos fueran tratados como una especie de juego de rol por turnos, nos daba igual, porque gráficamente era más que espectacular, y con eso nos bastaba.

En Master System no jugué a mucho más aparte de World Soccer o Super Kick Off (que siempre me pareció injugable). De hecho, apenas tocaba esta consola más allá de los Sonic y otros exclusivos, pero escarbando en mi memoria, encuentro un juego de fútbol maravilloso que acabó seduciéndome sin remedio: Tecmo World Cup ’93 (Tecmo, 1993). A día de hoy todavía alucino con este juego. Me parece increíble que funcione tan bien en un hardware de 8 bits como el de Sega. No solo tenía unos sprites razonablemente grandes y un scroll suave, sino que iba a toda pastilla. Era uno de los títulos más frenéticos de la máquina, y una auténtica gozada jugable gracias a su sencillez. Es, probablemente, mi juego favorito de fútbol de los que tuve la oportunidad de probar en esa generación. Más adelante, con el colegio como rutina diaria y mayor independencia de mis padres (a un nivel ridículo, entiéndase) pude descubrir el auténtico paraíso gamer. Un oasis plantado con toda la intención para que miles de almas cándidas fueran atraídas y gastaran sus ahorros mientras descubrían, literalmente, el futuro de las consolas domésticas: los recreativos.

El fútbol en los salones recreativos

¿Cuántos de los que leéis estas líneas habéis vaciado el bolsillo de vuestros padres en Tehkan World Cup? ¿Y qué me decís de Super Side Kicks? Los salones recreativos son una parte importantísima para entender los juegos de fútbol. Gracias a compañías como SNK, Tecmo, Taito, Konami o Sega vivimos avances tecnológicos que aplicados al fútbol nos hacían soñar. Pero volvamos a los recuerdos. Mi primer contacto fue, como el de muchos, con aquel Tehkan de vista cenital donde regatearse al portero era todo un arte. Recuerdo también un tal Premier Soccer (Konami, 1993) donde antes de empezar a jugar podías elegir la cercanía de la cámara, lo que alteraba el tamaño y detalle de los sprites.

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Pero si me tengo que detener con un juego por la cantidad de monedas que dejé en su cajón, éste sin duda sería Tecmo World Cup ’90 – Euro League (versión no oficial del juego de Tecmo, de 1989). El motivo de jugarlo tantas y tantas veces es sencillo: tenía clubes. Estos eran europeos, y España se veía favorecida por tres representantes más que obvios para la época, como son Real Madrid, FC Barcelona y Atlético de Madrid. Había juegos de fútbol mejores, por supuesto, pero éste, además de permitirte manejar a tu equipo favorito, estaba lleno de trucos para meter gol, y terminarlo suponía todo un reto. Chutar al palo corto funcionaba muy bien, pero mi táctica favorita era la de buscar un rechace y rematar de cabeza hasta dos veces seguidas, provocando que al portero no le diera tiempo a reaccionar.

Con el tiempo descubrí a la todopoderosa SNK y su Neo Geo. En arcades sorprendieron a todos con Super Side Kicks, añadiendo una novedad como fue la de tener una estrella en el equipo bautizada como “ACE”. Siempre me elegía a Holanda y fantaseaba con un Dennis Bergkamp capitán arrasando con el resto de selecciones. Otro grande fue sin duda Soccer Brawl (SNK, 1991), que rompía con el juego limpio marchándonos a un futuro muy lejano, donde los robots no dudaban en detener al adversario a base de disparos. No había faltas, y podías elegir un campo futurista donde te permitían usar la pared para hacer rebotar el balón. En este juego había un truco definitivo para marcar gol, que era cargar el tiro especial y chutar al palo corto. Se trataba de una estrategia que exigía mucha precisión (casi pixel perfect), ya que si no te colocabas bien, el portero solía rechazar el balón. Pero ojo, porque si dabas con el hueco correcto, podías golear sin que los rivales se inmutaran. Además, tenías capitanes que realizaban tiros únicos, aunque nunca supe sacarles partido.

Taito también se pasó al bando más gamberro con su saga Hat Trick Hero. Recurrió al uso de los capitanes como estrellas, y no se cortó a la hora de mostrar la parte más desagradable del fútbol con faltas de todo tipo, desde puñetazos y patadas que harían sonrojar a Éric Cantona, hasta un divertido movimiento con el que bajabas los pantalones al rival. El elemento que teníamos como árbitro era un señor rechoncho y calvo que de vez en cuando sacaba una amarilla. Las últimas entregas incluyeron un sistema de tiros especiales, hiper velocidad y demás barbaridades que retorcieron todavía más un concepto ya de por sí absurdo. Estos extras se podían desbloquear metiendo más monedas. Se anticiparon, sin querer, a los micropagos de los que estamos tan hartos en la actualidad.

Las consolas de 16 bits ya estaban en nuestras casas, pero todavía seguía envidiando algunos arcades imposibles. Recuerdo con nostalgia el sorprendente Soccer Superstars (Konami, 1994) y su cámara inquieta, o las secuelas de Super Side Kicks y esas “chances” que te daban para disparar desde lejos, cambiando totalmente la perspectiva para añadir un punto de mira. Jugué a Seibu Cup Soccer (Seibu, 1991), en el que podías elegir a un clon de Maradona con el pelo a lo afro, recargar la barra de tiro hasta el final y hacer que el balón atravesara todo el campo. Con Goal! Goal! Goal! (Visco, 1995) también me harté de regatear para que no cortaran mi super tiro, y en Capcom Sports Club (Capcom, 1997) vivimos el fútbol desde una perspectiva un poco más mundana, como si emuláramos una pachanga en el parque.

Sega también lo intentó con el fútbol. Suyo es Super Visual Soccer (1994), que corría bajo la placa System 32, un monstruo que dejaba en pañales a lo que teníamos en casa. Pero sin duda, con el salto a las 3D disfrutamos de un increíble Virtua Striker (1994), que le sacaba partido a una revisión de la placa Model 2 a la vez que nos dejaba con la boca abierta.

Pero no quiero dar un salto tan grande todavía. En casa, como os decía más arriba, contábamos con unas 16 bits que tenían mucho que decir. Mega Drive y Super Nintendo. FIFA e ISS. La gestación de dos sagas que acaban de cumplir 20 años y que las hemos disfrutado desde bien temprano.

Los 16 bits

Nunca tuve una Super Nintendo, pero siempre subía al 2º para usurpar la de mi vecino. En mi habitación, sin embargo, lucía una flamante Mega Drive comprada con el pack Mega Acción, que incluía el mítico Mega Games II. Y es que, aunque envidiaba los exclusivos de la competencia, siempre fui de Sega. Pero vayamos al grano: no sé cuántas veces me acabaría el primer Streets of Rage. Tampoco podría decir con exactitud la de horas que le eché a Golden Axe. Lo que sí sé es que odio con toda mi alma al enemigo final del Revenge of the Shinobi (ese melenudo siempre se me resistió). Harto ya de exprimir este cartucho, pude conseguir intercambiarlo con un amigo por la primera edición (Mega Games I), que incluía Super Hang On, un Columns que enamoró a mi madre y, volviendo al tema que trato en el artículo, el anodino pero cautivador World Cup Italia ’90. Qué horror de juego, pero cómo viciaba. De perspectiva aérea y un sonido molesto cada vez que tocábamos el balón. Animaciones chuscas, trucos sucios para marcar goles, una única melodía para todo el mundial y una pantalla de celebración con colores apagados y arte de segunda. Qué recuerdos.

Con estas máquinas en nuestros hogares habíamos ganado una barbaridad en lo tecnológico, aunque durante los primeros años, como veis, costó apreciar esa diferencia. Tampoco ayudaron European Club Soccer (Krisalis, 1992), Tecmo World Cup ’92 (Tecmo, 1992) o Super Kick Off (Anco, 1993). El único que se salvó, y no precisamente por ser un portento técnico, fue todo un clásico: Sensible Soccer (Sensible Software, 1992). Prácticamente reducía el fútbol a combinaciones rítmicas, pero madre mía, qué bien lo hizo. Infinidad de equipos (todavía más en la International Edition), torneos y unas mecánicas a prueba de bombas. No tenía nada de simulador, pero no le hacía falta. Era simple, directo, y rezumaba estilo y buen hacer.

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Antes de sucumbir a los encantos de FIFA alquilé títulos como Ultimate Soccer (Rage, 1993), con un Sonic haciendo horas extras como animador en los menús, o un infame juego con Pelé como reclamo, del mismo año ¿Y Dino Dini? También tuvo un título firmado por él mismo, más allá de Kick Off. Electronic Arts llegó con FIFA International Soccer en 1993, y lo hizo para quedarse. Nos perforó en la memoria eso de la “perspectiva isométrica”, y además de destacar por su gran calidad, tuvo una campaña de publicidad tremenda, que le ayudó a coronarse como uno de los juegos del año. Como simulador no tenía mucho que ofrecer, pero daba el pego ¿Os acordáis de las celebraciones? Menudo espectáculo, con el marcador dibujando secuencias. Me encantaba huir del árbitro cuando me iban a sacar una roja, y aunque nunca hilé una jugada decente (el botón de pase estaba de adorno), marcar con trallazos desde 30 metros era realmente satisfactorio.

EA Sports había dado un puñetazo sobre la mesa y de las vibraciones surgieron infinidad de rivales. Anco lo intentó sin mucho éxito con un decente Kick Off 3 (1994), con perspectiva lateral y un modo entrenamiento divertidísimo. Hubo algún que otro arcade alocado, como Fever Pitch Soccer (US Gold, 1995) o el mediocre Champions World Class Soccer (Flying Edge, 1994), pero nadie le plantó cara al nuevo rey del fútbol. De hecho, solo un juego licenciado como World Cup Usa 94 (US Gold, 1994) hizo que me desprendiera de los brazos de Janco Tianno (jugador ficticio de Brasil en los primeros FIFA, el Castolo de su época). Los años pasaban y solo los J-League Pro Striker de Sega (que nunca cruzaron el charco) le tosían a un FIFA, a esas alturas, convertido en toda una leyenda. Pero ahora pasemos a la competencia.

Como os dije, nunca tuve una Super Nintendo en casa hasta principios de los 2000, aunque eso no me impidió poder disfrutarla en condiciones. Todos los que teníamos una Mega Drive queríamos jugar a los Mario, a los Star Wars, a los Donkey Kong Country, a la gran cantidad de RPGs o a ese Dragon Ball Z 2 tan mitificado. Desde el bando contrario imagino que pensarían lo mismo de Treasure, por poner un ejemplo, pero no nos vayamos por las ramas. Los fans del fútbol envidiábamos un título que se sacó la manga Konami para decirle a EA que no estaban solos: International Superstar Soccer. Antes de este juego, Human nos deleitó en 1991 con Super Soccer, que aprovechaba el famoso modo 7 para hacer virguerías con el terreno de juego. Capcom, que no se prodigó mucho en este género, nos trajo a Europa una versión adaptada de sus Excite Stage, llamada por estos lares Soccer Shootout (1994). FIFA seguía acaparando toda la atención, hasta que, sin hacer mucho ruido, llegó a nuestras tierras un tal ISS firmado por Konami. La primera vez que lo vi no me lo creía. No solo le daba un repaso a FIFA en lo técnico, sino que tenía tal cantidad de animaciones y detalles que prácticamente podíamos hacer lo que nos diera la gana. Cualquier jugada que imagináramos podía ser ejecutada prácticamente a la perfección. Este título revolucionó el mercado de tal manera que desde EA no supieron cómo reaccionar. De hecho, con la versión Deluxe todavía se perfeccionó más la fórmula, y hasta tuvo una conversión -algo pobre- para Mega Drive porque las ventas lo requerían.

De esta manera se cerró una generación que ya comenzaba a sentir el peso de las 3D. Virtua Striker acompañaba a otras bestias en los salones, y yo, todavía un niño que rozaba la adolescencia, pedía algo más que un ISS. Estábamos a las puertas de Saturn y PlayStation, con llamadas en la lejanía de experimentos fallidos como 3DO, Jaguar, PC-FX y compañía. El fútbol, como cualquier otro género en los videojuegos, iba a cambiar por completo. Y vaya si lo haría.

De las 3D a la actualidad

Si habéis llegado a este párrafo: enhorabuena. Como veis, me estoy centrando en una experiencia muy personal, aunque por suerte he podido probar infinidad de juegos. Con las 3D, de todas maneras, no quiero dar muchos rodeos. Disfruté de PlayStation desde casi su lanzamiento, y de Saturn tuve acceso a prácticamente todo lo que quise, gracias a un buen amigo y a una tienda de videojuegos especialista en importación. Precisamente fue con Sega con la que inicié mi periplo por los juegos de fútbol 3D en consolas . Concretamente lo hice con Victory Goal (Sega, 1995). No me sorprendió técnicamente, ya que dejaba una sensación parecida a Super Soccer, solo que con polígonos. De hecho, la edición de FIFA para 3DO me pareció más resultona que lo nuevo de Sega. Por supuesto ayudó que venía de probar la de 32X, que era bastante mediocre. Este Victory Goal pasó sin pena ni gloria por el mercado. No aportaba ni en lo técnico ni en lo jugable, y no fue hasta Sega Worldwide Soccer 97 cuando verdaderamente vimos explotar la saga. Paralelamente había nacido una serie llamada Winning Eleven, que llegó a nuestro país rebautizada como Goal Storm (Konami, 1996). No fue un éxito, ni mucho menos, pero al jugarlo intuías cierto potencial. Se estaba cociendo todo un mito.

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Mientras tanto, por el camino vivimos el nacimiento y la muerte de juegos de fútbol que pretendían consolidarse, como Actua Soccer (Gremlin, 1995) o Adidas Power Soccer (Psygnosis, 1996). El temprano éxito de la PlayStation original provopició que los costes de desarrollo bajaran, e invitó a que casi cualquier compañía mostrara sus cartas en un terreno donde EA seguía en forma y Konami recogía sus frutos. Recuerdo japonesadas como el Super Shot Soccer de Tecmo, un Captain Tsubasa (Oliver y Benji) igual de loco que siempre, los horribles This is Football o el curioso Olympic Soccer. Estrellas emergentes como Ronaldo o Beckham tuvieron juegos dedicados, como aquel Ronaldo V-Football o el olvidable David Beckham Soccer. Nos topamos, sin querer, con un mercado saturado ¿Que la selección inglesa necesita un juego? Pues toma Three Lions ¿Que Namco se olvida de Prime Goal para experimentar? Una taza de Libero Grande para el caballero.

Con este panorama, Konami Tokyo continuó exprimiendo su Winning Eleven para no quedarse atrás. De hecho, la segunda parte la recordáis todos. Se trata, ni más ni menos, que de Pro Evolution Soccer, el encargado de sentar las bases de una saga que todavía perdura en la actualidad. Aunque no me parece un impacto tan grande como el que supuso Pro Evolution Soccer 2, también conocido como J-League Winning Eleven 3, el que para mí dio el auténtico pistoletazo de salida. A día de hoy, jugándolo en emulador, todavía me sigue resultando perfecto. Por ritmo y posibilidades considero que tiene el equilibrio ideal entre arcade y simulador. Jugué tanto a esta edición que me conocía la plantilla al completo de los Urawa Red Diamonds, y aunque suene a fantasmada, aprendí a leer Katakana gracias a este título.

Mientras tanto, a EA le costó encontrarse cómoda con las 3D. No fue hasta la edición del mundial cuando realmente alcanzó el cenit (con portada de Raúl, por si no os suena). A partir de ahí todo fue cuesta abajo, lo que llevó a Konami a pasearse durante el resto de generación. No quiero olvidar, tampoco, los ISS para Nintendo 64, la saga paralela a Winning Eleven que continuaba la senda que dejaron los títulos de Super Nintendo. Mientras tanto, Sega y las máquinas recreativas agonizaban (Virtua Striker, honestamente, nunca fue un gran juego), y tanto Dreamcast como PlayStation 2 estaban a la vuelta de la esquina.

Esta generación, todavía medida en bits (128), no tuvo mucho donde rascar. Sí, se coló algún juego más allá de las sagas de EA y Konami, pero pocos brillaron con luz propia. Sega lo intentó con el mediocre 90 Minutes (Sega, 2001), pero su calidad era más que discutible. Pro Evolution, ya conocido como PES, no arrancó demasiado bien, pero con la tercera edición volvieron a coger el timón para adjudicarse de nuevo la merecida corona de rey del fútbol. EA seguía perdida, y entró en barrena definitivamente con experimentos mediocres. Recuerdo vagamente un tal Red Card Soccer (Point of View, 2002), muy divertido por su naturaleza violenta, y algunos juegos licenciados, como el dedicado a la Champions League. Pero si he de destacar un contendiente inesperado, lo haría sin duda con Football Kingdom (Namco, 2004). Todavía no me explico por qué no continuaron con más entregas. Vale que no fue tan brillante como los mejores PES, pero le sobraba estilo. Técnicamente tenía la mejor iluminación que se había visto en un juego de fútbol, y la física de las redes era ciencia ficción. No tenía muchas fisuras, y al menos contaba con personalidad, lo que le faltó a muchos aspirantes.

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Última parada

A partir de 2004 ya conocéis la historia: FIFA y PES. El primero no se recuperó hasta 2007, y el segundo se cavó su propia tumba después del magnífico PES 6 para Xbox 360. En 2015 EA sigue disfrutando de ese trono sobre el que ya reposó en otro momento, y Konami juega con la baza de no tener nada que perder. Ambas han besado tanto el cielo como el asfalto, y se van alternando ciclos de éxitos y desgracias. Muchos piden que 2K, creadores de la mejor saga de baloncesto, se tiren a la piscina con el deporte rey. Yo pido que echemos la mirada atrás para ver que el fútbol no solo es cosa de dos. Entiendo las dificultades, y más cuando el pastel de las licencias ya está más que repartido, pero ¿a quién no le apetece algo diferente? La competencia siempre beneficia al usuario, y yo, como aficionado al fútbol y a los videojuegos, estoy un poco harto de este monopolio.

Soy consciente de que con este artículo me he dejado muchos títulos, pero para eso estáis vosotros, para completar el listado. Reconozco, aun así, que cuando tengo un momento de descanso me pongo un partido en FIFA 15 y pruebo cosas nuevas. Me divierte, sí, pero me lo sé de memoria. Así que, como pedí desde el artículo sobre arcades de carreras, ojalá algún desarrollador dé el paso. Es una petición casi inviable, porque entiendo que el fútbol es un deporte con demasiados matices, pero dejo caer mi deseo. Con suerte, las buenas sensaciones que me dejó PES 2016 en el E3 se materializarán en un juego fresco, como lo fue el primer PES, así que de momento, nos conformaremos hasta que alguien venga a mover el cotarro.