No tenía pensado escribir sobre esto, pero un simple vistazo a la estantería del salón me ha motivado. Ahí está, guardada en su caja con todos los plásticos, lista para ser enchufada y regalar una clase de artesanía en dos dimensiones. “Tengo una Neo-Geo”, una frase que, dicha hace 20 años, sonaba a ciencia ficción. En su día nadie de mi grupo de amigos pudo pronunciar esas palabras; el nivel económico de mi entorno no era especialmente destacable, y solo algunos disfrutaban de Canal +, ese gran “detector de ricos”. Lo de tener la consola de SNK en los 90 era utópico, vaya. Sin embargo, las cosas han cambiado en la actualidad. Ahora tengo la suerte de poder gestionar mi dinero, y como una de mis grandes aficiones son los videojuegos, no he podido resistir la tentación. Con este artículo vengo a hablar de lo que supuso -y supone- esta máquina para mí. Es la versión doméstica, conocida como AES, y aunque hayan pasado 25 años desde su origen, sigue imponiendo como el primer día. Desprende una magia especial; quizás por lo prohibitivo de su precio (algunos de sus juegos alcanzan las 4 cifras con facilidad), pero lo que es indudable es su gran impacto en la industria. Fue una referencia tecnológica durante muchos años, y nunca está de más recordarla.

neogeoestirada

Para poneros en situación, Sega y su éxito fueron los “culpables” de que a SNK (Shin Nihon Kikaku) se le encendiera la bombilla. A principios del año 1990 emprendieron el negocio de los videojuegos con MVS (Multi Video System), un hardware que revolucionó los arcades gracias a su bajo coste y a la posibilidad de contar con hasta cuatro juegos por placa. Con el tiempo, y de nuevo gracias a la inspiración de Sega, lanzaron un sistema doméstico para competir con Megadrive. Esta apuesta se conoció como AES (Advanced Entertainment System), y a diferencia de MVS, su acceso se limitó a alquileres, restaurantes y hoteles de lujo. Solo los más afortunados -en todos los sentidos- pudieron disfrutarla. Su elevado precio se debió especialmente a sus características: no había nada parecido en aquel momento. Pese a que compartía chips con otras máquinas, como el mítico Motorola 68000, estos funcionaban a una frecuencia más rápida o eran de mayor calidad. Pero AES no solo llamaba la atención por su interior. Todo en ella se hacía a lo grande: la consola, el mando…y los juegos. Estos cartuchos, de tamaño absurdo para la época, llegaron a almacenar más de 700 MB (King of Fighters 2003). Como decía SNK en uno de los lemas más agresvios: Neo Geo is Bigger, Badder and Better. 

The game lord speaks

The game lord speaks

Neo Geo AES cruzó el charco en 1991, llegando primero a Estados Unidos y algo más tarde a Europa. Su precio en terreno norteamericano era, de nuevo, inalcanzable para casi todos los bolsillos: 599$. Se intentó convencer al jugador con packs medianamente atractivos, que incluían juegos como Magician Lord, pero como imagináis, tampoco llegó a cuajar en occidente. Los chavales de mi edad nos teníamos que conformar con jugar a las versiones MVS, o lo que es lo mismo: gastar cantidades ingentes de monedas de cinco duros en los recreativos. De ahí nace la leyenda y el anhelo. Personalmente pasé tardes enteras enganchado a monstruos de la talla de Fatal Fury o Art of Fighting, para posteriormente dejar Street Fighter II de lado y pasarme al mundo de The King of Fighters.

La experiencia que tuve gracias a estas recreativas me ayudó a conocer juegos increíbles. No fui el único que comprendió cómo se jugaba a golf con Neo Turf Masters, y creo que todos en algún momento habéis sentido curiosidad por el deporte que inventó Windjammers. Me conocía World Heroes 1 y 2 de memoria gracias a mi habilidad con Dragon, el clon de Bruce Lee, y siempre jugaba con un colega a Blue’s Journey, aunque nunca llegamos muy lejos. Además de este último, también hubo otros plataformas de calidad, casi siempre centrados en la acción, como Spin Master y su curioso inicio en el Aeropuerto de Madrid. Street Hoop me gustaba mucho más que NBA Jam, y Thrash Rally para mí fue capaz de rivalizar con el mítico World Rally de Gaelco (también conocido como “el de Carlos Sainz”). Ya he nombrado Art of Fighting, pero qué sprites. Robert García tenía clase, y con esos efectos de zoom cualquiera alucinaba, pese a que no derrotaras a Todo, el primer rival. Fatal Fury y esos cambios de plano me volvían loco, así como los impresionantes escenarios de Samurai Shodown ¿Quién es el guapo que no flipó con Metal Slug y sus secuelas? Nunca fue tan divertido pelear contra el ejército nazi. El béisbol también fue un deporte divertido gracias a los Baseball Stars y su versión futurista, y nadie podía evitar ser hechizado por Kyo y Iori en The King of Fighters. Si no conocías el truco para meter gol en Soccer Brawl no eras nadie, aunque siempre podías pasar a la máquina de Super Side Kicks para lucirte con el ACE, el mejor jugador del equipo. Mutation Nation no estaba mal, pero honestamente me quedo con los Sengoku. Y bueno, así podría seguir todo el día. No tengo un juego favorito, pero puedo presumir de haber jugado a prácticamente todo su catálogo, hasta al imponente Garou: Mark of the Wolves o al excelso The Last Blade 2. Canela en rama, y si no me creéis, poned todos esos títulos en Google y haced un ejercicio de retrospectiva. Por mucho que Takara se esforzara en convertir los títulos más emblemáticos para Megadrive y Super Nintendo no era lo mismo. “The Future is Now”, qué razón tenía SNK.

Con la consola en casa he vuelto a sentir esa sensación de estar ante una máquina superior. Honestamente, el juego con mayor “categoría” de los que poseo es KOF 98, personalmente mi favorito. Desgraciadamente, el resto de los que busco tienen un precio desorbitado. En mi haber cuento con clásicos de precio asequible, la mayoría de lucha, el género reinante en la máquina de SNK, y cada vez que los disfruto en mi casa no puedo evitar el pensar en lo afortunados que hemos sido por haber podido vivir esa odisea de ambición en la que se metieron aquellos hombres de negocios. Sé que coleccionar AES ahora mismo es imposible. No se trata de ahorrar y darse un capricho, sino de no poder comer en un mes. El mercado de lo retro se ha vuelto loco con juegos más que comunes, por lo que no podéis imaginar lo costoso que es hacerse con un juego como Metal Slug, por poneros un ejemplo de relación entre juego conocido y precio astronómico.

Mi meta es la de poder conseguir un poco de todo, evitando desgraciadamente obras maestras como la de Nazca (quizás acabe pecando con una reproducción). Este camino que veo tan empinado me entusiasma; coleccionar Neo Geo es fascinante, de verdad. Es la fruta prohibida, la consola imposible, el auténtico Cerebro de la Bestia. No puedo evitar mirar desde aquí a mi pobre catálogo sin emocionarme como un niño. Por supuesto, también me pongo nervioso viendo esa caja negra, con un diseño tan agresivo como moderno. Es la máquina soñada, y con estas líneas simplemente me apetecía reivindicarla. Ahora que SNK está en un limbo que apunta hacia China y la explotación de licencias, es un momento más que ideal para recordar lo grande de su legado. Da igual si es en versión MVS o AES. Simplemente, si te gustan los videojuegos, Neo Geo necesita un lugar en el recuerdo.

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