Retomamos el repaso a la historia justo donde la dejamos. Un Kratos al servicio de los Dioses del Olimpo bajo la promesa de redimir sus pecados. Pero por si fuera poco todo lo sucedido, nuestro antihéroe no ha hecho más que empezar su aventura.

NOTA: este artículo incluye spoilers y detalles del argumento de todos los juegos de la saga hasta God of War 3. Si no has jugado a alguno y tienes pensado hacerlo, recomiendo que saltes las secciones correspondientes a ese juego.

 

God of War (PS2)

Kratos continúa siendo la mano ejecutora de los Dioses. Empieza a cansarse de realizar las misiones que estos le encargan durante más de una década sin haber recibido todavía el perdón prometido. En una de esas misiones es enviado por orden de Poseidón (Dios de los Mares) a acabar con una Hidra que está destruyendo una flota espartana. Una vez muerta la bestia, Atenea le encarga una última misión: matar a Ares, quien está destruyendo toda Atenas. Ningún otro Dios puede enfrentarse a él directamente (burocracia interna del Olimpo), así que se lo encargan a Kratos. La misión es casi inalcanzable para un mortal, pero su ansia de venganza contra Ares hace que acepte el contrato.

Su primera parada es Atenas. Las tropas de Ares están destruyendo la ciudad y ha de detenerlos. Allí  se encuentra con el Oráculo de Atenas, quien está siendo atacada por una horda de criaturas. Después de salvarla de una muerte casi segura y como muestra de agradecimiento, el Oráculo le explica que debe conseguir la Caja de Pandora. Ésta le otorgaría un poder ilimitado, un poder que permitiría a un simple mortal enfrentarse a un Olímpico.

 

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Con un nuevo objetivo, Kratos cruza el desierto de las almas perdidas, plagado de sirenas que intentan matarlo. Por fin encuentra el templo que guarda la Caja de Pandora. Pero no le será tan fácil acceder al templo, ya que está ubicado a los lomos del Titán Cronos, castigado con custodiar el templo vagando por el desierto. Tras alcanzar al Titán, Kratos logra subir hasta la entrada del templo, y allí se encuentra con el primer mortal que intentó robar la Caja largo tiempo atrás. Advertido por los peligros que le esperan, Kratos se adentra en él, descubriendo el laberinto de trampas al que se ha de enfrentar. Finalmente el espartano supera los peligros del templo y consigue lo que ningún mortal  había hecho antes: llegar hasta la cámara donde está guardada la Caja.

Pero cuando parece que Kratos va a conseguir su preciado objeto, Ares se entera y lanza una columna gigante a través de los cielos (sí, sí, como suena…) que logra destruir el templo y alcanzar a Kratos acabando con su vida. Nuestro querido espartano va al inframundo, pero como es de esperar, la muerte no es más que un mero obstáculo sin importancia para él. Después de machacar, destrozar y matar a prácticamente todo el inframundo, logra escapar por una tumba que estaba siendo cavada por un curioso sepulturero (quizás enviado ahí por Atenea).

Kratos regresa de nuevo a Atenas, donde Ares continúa con su destrucción. Mientras el Dios de la Guerra mantiene una conversación con Zeus, Kratos haciendo uso de los poderes otorgados por los dioses, lanza un rayo que hace que la Caja caiga de las manos de Ares. Kratos aprovecha para desatar todo el poder de la Caja y así enfrentarse al Dios de la Guerra. Tras una dura batalla consigue ajustar cuentas con quien en el pasado le traicionó. Ares le recuerda a Kratos que tan solo quería convertirlo en el mejor guerrero de todos los tiempo, a lo que el espartano con su sentido del humor habitual le responde: “ya lo has conseguido”.

 

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Con la misión cumplida y su venganza realizada, Kratos le pide a Atenas que cumpla su promesa. Que borre todas sus pesadillas y perdone sus pecados. Pero los Dioses enfurecidos por la muerte de su hermano se niegan a cumplir su palabra. Ya desesperado por haber sido utilizado una vez más, Kratos decide lanzarse por un precipicio mientras pronuncia las palabras que dan inicio a la saga “Los dioses del Olimpo me han abandonado, ahora ya no hay esperanza”.

Cuando todo parece haber acabado, Atenea lo salva en el último instante. Le recuerda que aunque los Dioses no olviden sus atrocidades, tampoco olvidan sus victorias. Ha matado a un Dios, por lo que tiene derecho a ocupar su lugar. 

Ahora Kratos es el Dios de la Guerra.

 

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God of War: Ghost of Sparta (PSP)

Años atrás, un Oráculo predijo la desaparición del Olimpo a manos de un guerrero marcado. Zeus y Ares, inquietos por esta profecía, secuestraron a Deimos, el hermano de Kratos. Lo hicieron durante un entrenamiento entre los dos hermanos. Kratos, al tratar de ayudar a su hermano, atacó a Ares, pero éste le golpeó violentamente (de ahí la cicatriz del ojo). Deimos fue retenido en el inframundo y torturado durante años.

Con Kratos ejerciendo de Dios de la Guerra, algo que los otros Dioses no aprueban (un mortal entre Dioses), las pesadillas no cesan. Como su venganza ya había sido ejecutada y tenía bastante tiempo libre (dado que no se libraban batallas por Esparta), Kratos decide investigar más acerca de su pasado. Un pasado lleno de dudas que le atormentan y le inquietan. Atenea le advierte que si remueve su pasado solo encontrará más sufrimiento y un dolor todavía desconocido por el espartano. Como viene siendo costumbre, Kratos desatiende el consejo y pone rumbo a Atlántida donde reside su madre.

Tras vivir algunas aventuras, Kratos llega a su destino. Encuentra a Calisto, su madre, y le pregunta acerca de su pasado. Ambos mantienen una conversación en la que su madre está a punto de revelarle quién es su padre, pero justo en ese momento, ésta sufre una terrible transformación. Kratos lucha contra la criatura y acaba con ella. Con su madre muerta su única opción para encontrar respuestas es buscar a su hermano Deimos.

 

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Mientras Kratos busca a Calisto, los Dioses intentan enviar una advertencia a Kratos para que deje de hurgar en su pasado. Esta advertencia se llama Erinias, hija de Tánatos, quien es enviada a matar a espartanos para tener ocupado a Kratos y hacerle entender que si continúa investigando su pasado, los Dioses intentarán detenerle. Pero Kratos nunca se detiene y acaba con Erinias.

Su siguiente objetivo es adentrarse en el Dominio de la Muerte para averiguar qué papel juega Tánatos en todo esto. Al fin y al cabo el Dios de la Muerte había enviado a su hija a detenerle. Allí localiza a su hermano Deimos, quien estando muy enfurecido porque su hermano no había ido a buscarle en todos esos años, decide atacar a Kratos. Mientras libran un intenso combate en el que el Dios de la Guerra se contiene para no dañar a su hermano, Tánatos interviene. Éste lleva a Deimos al mismo acantilado en el que Kratos trató de suicidarse y lo deja colgado de él para que muera. Pero Kratos logra salvar en el último instante a su hermano y se reconcilian. Ambos hermanos luchan codo con codo contra Tánatos, pero Deimos es asesinado por el Dios de la Muerte. Esto hace enfurecer a Kratos, lo que provoca que mate a otro Dios… y ya van dos.

 

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Atenea aparece y le explica a Kratos que ya nada lo ata al mundo de los mortales. Su madre y su hermano, sus dos únicos vínculos con el mundo de los vivos, están muertos. Kratos ahora es un Dios. Justo antes de ascender al Olimpo promete a los Dioses que lamentarán haberlo utilizado como una marioneta y les jura la muerte. Atenea por su parte le contesta “perdóname, hermano”. Kratos se encuentra de nuevo con el misterioso enterrador. Éste entierra a Calisto y a Deimos, y prepara una última tumba para Kratos.

Finalmente Kratos ha dejado de ser un mortal para convertirse en un Dios. Ahora ya ocupa un lugar en el Olimpo. Y ha jurado destruir el Olimpo.

 

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God of War II (PS2)

Kratos ya es un Dios. Esta situación incomoda al resto de Dioses, quienes no lo quieren en el Olimpo. Un día Kratos recibe una petición por parte de un general espartano, que lo invoca para que le preste ayuda en una batalla. Atenea le implora que no acuda, dado que la batalla se libra en Rodas, ciudad que está bajo su protección. La Diosa le amenaza con no protegerle más ante el resto de Dioses si destruye la ciudad, algo que a Kratos parece importarle muy poco.

Una vez en Rodas un águila aparece y se posa en su hombro, robándole parte de sus poderes y encogiendo su tamaño al de un mortal corriente. Además, el águila hace uso de este poder y le da vida al Coloso de Rodas para que acabe con Kratos. El espartano cree que ha sido Atenea, y dejándose llevar por la rabia y la ira, acepta la ayuda de Zeus. El Rey de los Dioses le hace entrega de la Espada del Olimpo, un arma de un poder incomparable usada en otros tiempos para acabar con los Titanes. Para poder usarla debe transferir todos sus poderes divinos a la espada, algo que Kratos hace sin dudar. Ayudándose de la espada vence al Coloso, pero a causa del combate, Kratos queda malherido.

 

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Justo antes de recuperar sus poderes tocando de nuevo la espada, el águila aparece en escena, y se descubre como Zeus. El Dios del Olimpo, le revela sus verdaderos planes: todo había sido una trampa para despojar a Kratos de todo su poder. Los Dioses del Olimpo se sienten amenazados por el carácter de Kratos, poco mediador y violento. Tienen miedo de que la profecía se cumpla y el espartano destruya el Olimpo. Por lo que apunto de morir por sus heridas, Zeus le pide que demuestre su lealtad o lo matará. Como todos os imaginaréis a estas alturas, Kratos no es de los que ceden ante las amenazas, por lo que rechaza la oferta. Zeus, muy enfurecido con él, atraviesa el pecho de Kratos y lo mata.

Todo parece perdido para Kratos. Es abrazado por la muerte y arrastrado al inframundo. Pero aún queda alguien por jugar su papel en la vida de Kratos: los Titanes. Gaia, quien odia a los dioses del Olimpo, ayuda a Kratos a salir del inframundo devolviéndolo a la vida. Le explica que su única opción de acabar con Zeus es utilizando la Espada del Olimpo. Y la manera de acceder a la Espada es viajar en el tiempo hasta el instante en el que Zeus lo mató. Para ello ha de “convencer” a las Hermanas del Destino para que usen el telar del destino….

Con una nueva venganza contra un Dios del Olimpo en mente, Kratos se embarca en un viaje que lo lleva a recorrer lo lugares más recónditos de Grecia. La primera parada es la isla donde se encuentra retenido el Titán Tifón. Éste le dota de poderes que le ayudarán a derrotar a los Dioses (recordemos que Kratos ahora es un simple mortal).

 

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En su búsqueda de poder, Kratos viaja hasta la Isla de la Creación. Su objetivo es conseguir las reliquias que le ayuden a superar todos los obstáculos que le esperan hasta llegar a las Hermanas del Destino. De ahora en adelante Kratos desatará su ira, asesinando a todos los que se interpongan en su venganza. En primer lugar Kratos mata a Teseo, encargado de proteger a las Hermanas del Destino, arrebatándole la llave que da acceso a los Corceles del Tiempo.

Ya en el templo, las Hermanas del destino, preocupadas por el avance de Kratos, resucitan al único mortal capaz de doblegarle: el Rey Bárbaro, quien busca venganza contra él por haberlo asesinado en el pasado. De nuevo Kratos acaba con su oponente. En ese mismo templo mata también al Cerbero. Más tarde a Euriale, a quien le arranca la cabeza para poder hacer uso de su poder. Después le llega la hora a Perseo, que acaba machacado por Kratos.

 

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Tras esta vorágine de muertes violentas, Kratos se encuentra con Ícaro, y por supuesto las intenciones del espartano son las de matarlo. Ambos se enfrentan y caen por un precipicio. Durante la caída Kratos logra arrancarle las alas a Ícaro de una manera nada sutil. Esta caída lleva a Kratos ante Atlas, el Titán que él mismo encadenó. Atlas todavía le guarda algo de resentimiento e intenta aplastar a Kratos, pero éste le explica que ahora es aliado de los Titanes y que sus planes pasan por destruir el Olimpo. Para el Titán Atlas, la idea de ver morir a Zeus es superior a su rencor hacia Kratos, por lo que accede a ayudarle dándole de parte de su poder y ayudándole a llegar hasta la tierra de nuevo.

Tras un duro viaje, en el cual llega a matar espectacularmente a un Kraken, Kratos llega hasta el templo de las Hermanas del Destino. Cuando se encuentra con ellas, decide entablar una negociación, pero las Hermanas no están dispuestas a ponérselo fácil. Sin quedarle otra opción, el espartano se ve obligado a matarlas bajo unas violentas y crueles condiciones.

Ya con el telar del destino a su plena disposición, Kratos viaja hasta el instante en el que Zeus le arrebata la vida. Consigue hacerse con la Espada del Olimpo, y después de una encarnizada lucha, Kratos vence a Zeus. Justo cuando va a rematar al Dios del Olimpo, Atenas hace aparición y se interpone, siendo atravesada por la Espada del Olimpo. Este fatídico suceso es aprovechado por Zeus para huir al Olimpo.

 

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En su lecho de muerte, Atenea revela a Kratos toda la verdad. Esa verdad que los dioses habían tratado de ocultar desde que Kratos decidió viajar a Atlántica a buscar a su madre: Kratos es el hijo de Zeus. Esta revelación hace enfurecer más todavía a Kratos, que se da cuenta de que todo el Olimpo se ha aprovechado de él, que todos defienden a Zeus para evitar su destrucción y que su propio padre lo ha traicionado. Kratos es consciente de que siempre ha tenido a todos los Dioses en su contra. De nuevo, el espartano hace uso del telar del destino y viaja hasta la batalla final que se libró en otra época entre Titánes y Dioses. Pone al corriente a Gaia de la situación, le ayuda a liberar a todos los Titanes y regresa al “presente”. Con la ayuda de todos los Titanes, Kratos se dirige al Olimpo para la aniquilación total de los Dioses.

Mientras Kratos escala el Monte del Olimpo a lomos de Gaia, lanza su última amenaza:

“Zeus, tu hijo ha vuelto y trae la destrucción total del Olimpo”