No es de extrañar que uno de los mejores juegos del verano esté protagonizado por el personaje más codicioso de Nintendo, es oro puro. La nueva ocurrencia de Wario, siempre en busca del ardid que le permita vivir a cuerpo de rey, pasa por convencer a su antiguo grupo de colegas para volver a desarrollar juegos. Hay un matiz que conviene aclarar para los que no conocen bien a este caradura, su visión sobre los negocios consiste en huir muy lejos con los beneficios. No hace falta que nos cuente su plan, sabemos que él es así. Si puede ahorrar un mísero céntimo lo hará. ¿Qué es más barato que un videojuego? Un minijuego. ¿Y qué es más barato que un minijuego? Un microjuego. Ríete tú de los DLC, este tío sí que sabe.

Quince años después del primer WarioWare para Game Boy Advance, el antihéroe vuelve a la carga rescatando su vieja empresa con el impulso de internet y un torneo de masas como reclamo. ¿Será ésta una sutil crítica de la Nintendo más tradicional por los tiempos que corren? Al fin y al cabo, Wario es un villano que pretende vender su basura, cuanta más mejor, dándose todo el autombo posible. La historieta que nos cuentan, narrada con simpatía y una exquisita localización al castellano (marca de la casa), sirve como pretexto para recopilar lo mejor de una década de microjuegos aparecidos en la saga, darles un lavado de cara y añadir un puñado más. La cifra total supera los 300 retos, un número tan desconcertante como muchas de las pruebas incluidas.

El modo historia está dividido en tres grandes bloques que representan esquemas jugables distintos. La primera categoría, llamada Liga botones, reúne las pruebas que requieren interacción mediante cruceta y/o botones, son las más convencionales pero no por ello menos originales, es aquí donde encontramos clásicos de la primera entrega como aplastar Goombas (moviendo con la cruceta a un Wario saltarín), sorber mocos (pulsar A rápidamente) o acertar con el dedo en las fosas nasales (pulsar A en el momento apropiado). En otro tiempo un juego así no podría haber salido de Japón, ¿quién comprendería o querría jugarlo salvo nosotros? Dicho así suena repugnante, pero os puedo asegurar que en WarioWare el buen gusto raya al mismo nivel que la locura.

La siguiente categoría es la Liga Giro, que reservé para el final porque su animada naturaleza giroscópica se alejaba, o eso creía yo, de la comodidad que procuro mantener cuando estoy jugando. Confieso que me salté en su día WarioWare Twisted! (GBA) por esta misma razón, y admito públicamente, aquí y ahora, mi arrepentimiento por no decidirme nunca a importarlo (no llegó a Europa). Estos microjuegos funcionan girando la consola de izquierda a derecha de un modo menos aparatoso de lo que esperaba, y nos proponen situaciones como afeitar barbas, cortar uñas o sacudir árboles para recoger sus frutos. Si hay una prueba que recuerdo con una sonrisa, esa es Todo lo que entra…, así se llama. ¿Y qué pasa con todo lo que entra? Pues que tendrá que salir, claro. Guiar una porción de comida recorriendo el aparato digestivo hacia el exterior debería ser grotesco, pero es que Nintendo lo hace tan divertido y lo plasma con tanta normalidad, que me encuentro explicando el susodicho microjuego como si nada. Bravo.

La última liga principal corresponde a las pruebas táctiles. Acciones como planchar unos pantalones, cortar el cable correcto de un explosivo, rallar una zanahoria, borrar una pizarra o hacerle cosquillas en el sobaco a un tipo muy feo, son solo algunos ejemplos de los microjuegos disponibles. Al completar las ligas BotonesGiro y Táctil, la historia continúa mezclando en las siguientes rondas los tres tipos de jugabilidad anteriores. Además, a estas alturas de la partida, también se suma el uso del micrófono (por ejemplo, soplar para hacer girar un molinillo). En este tramo final el desarrollo se vuelve mucho más variado, pero también se añade el inconveniente de modificar la posición de las manos al pasar de un control a otro. No ocurre de inmediato, pero en los Desafíos (no accesibles al principio) que combinan varios estilos, llegas a dudar de lo que estás haciendo. ¿Ahora toca coger el Stylus o se usan botones? Si dudas, pierdes. Según se mire, esto puede ser magnífico (más emoción) o un tanto confuso.

Si nunca antes tuviste la oportunidad de probar uno de estos títulos, entiendo que el concepto de microjuego difícilmente sonará atractivo. Estamos hablando de reducir un videojuego a su máxima expresión, miniaturizarlo, prensarlo, recolectar su esencia y descartar la mayor parte, sustraer todo lo innecesario hasta aislar un único y vital átomo. ¿Qué diversión puede quedar? Toda. Planteado como una sucesión de pruebas ligeras muy fáciles de asimilar, WarioWare estimula al jugador como lo hacen Tetris o Lumines antes del colapso fatal, acelerando la partida hasta tu perdición con variaciones mínimas que romperán tus esquemas. Llegados a determinado punto, no serás capaz de prestar atención a la palabra clave que define la mecánica del microjuego, será un visto y no visto, todo irá tan rápido que el instinto decidirá por ti.

A no ser que me ponga a destripar cada microjuego, es inútil intentar prepararte para el brutal derroche de ingenio y estupidez que te espera. Nintendo nos lo ha puesto muy fácil al recopilar toda esa locura en una sola tarjeta de 3DS, es un juego ideal para adentrarse por primera vez en la saga, y una manera comodísima de volver a jugar si no guardas a mano tus viejos sistemas o te desprendiste de ellos. Al hallarme en este segundo grupo, encontré detalles que tardé un poco en aceptar, pero nada grave en realidad, se trata exclusivamente de las apreciaciones personales de alguien mayor con mucha prisa por jugar. Me refiero al gran número de vídeos durante partida, explicaciones que me dedicaba a saltar y un doblaje increíblemente bueno al que, por desgracia, no terminé de acostumbrarme; los personajes hablan y tontean en exceso, he acabado un poco harto de escuchar sus coletillas (yeah, yeah, aha!). ¿Será la edad?

Minucias que no deberían echarte atrás si planeas su compra. Vistos una vez, los vídeos se saltan, y siempre puedes cambiar el idioma de la consola de castellano a inglés. Por otra parte, este truquito permite escuchar al bueno de Charles Martinet (la voz de Mario desde los años 90) dando vida al mequetrefe de Wario.

La duración media de una partida es de pocos minutos por lo que el componente portátil cobra importancia, es un juego idóneo para rellenar huecos en cualquier ocasión. Bueno, la teoría es una cosa y la práctica otra, mi experiencia con los buenos juegos como éste es no soltarlos hasta exprimirlos.

Pasadas varias rondas, pruebas que no suponían ningún esfuerzo se hacen imposibles de terminar, esta tontería de los microjuegos (antes comparé con Tetris), se aproxima muy de cerca a un ejercicio de reflejos digno de un arcade letal. El fin no es acabarlo, sino disfrutar superando tu anterior puntuación cada vez que enciendes la consola. Si eso funciona para ti, estás ante un juego infinito atiborrado de desafíos que van más allá del modo historia (primero debes completarlo), como muerte súbita (una sola oportunidad), gas a fondo (inclinando la consola modificas la velocidad) o WarioWatch (acumulas tiempo superando pruebas), entre otros. De hecho, las nuevas reglas que plantean estos desafíos hacen que te olvides de todo lo demás, dan mucho más de sí que el amplio pero brevísimo modo historia.

Semanas después de acabarlo, creo que WarioWare Gold es imprescindible en 3DS, y que 3DS (la portátil más portátil de Nintendo) es imprescindible para él. No hay novedades importantes para el fan de la saga, pero disponer de todos estos microjuegos en un único cartucho y sistema es una idea muy tentadora. Para mí, un broche de oro con el que esta consola puede despedirse bien a gusto. Poco importa que se aproxime su inevitable fin comercial, siempre querré una partida más.

WarioWare Gold
La mejor forma de conocer la sagaMás de 300 microjuegosDiversión absurda sin treguaLa belleza de lo sencillo
Pocas novedadesNo deja mal sabor, pero es un refrito
8Nota Final
Puntuación de los lectores 6 Votos
8.3