Cuántas ganas teníamos de volver a ver al bueno de Max en un videojuego. George Miller ha dado una lección de gran cine con Fury Road, y Avalanche, creadores de la saga Just Cause, han cogido el testigo para intentar lo mismo en consolas de nueva generación y PC. Quizás el lanzamiento ha sido algo tardío, sobre todo teniendo en cuenta que podrían haber aprovechado el tirón de la película, pero pese a haber salido a la vez que un fenómeno como Metal Gear Solid V, no les está yendo nada mal.

El género elegido, como no podía ser de otra manera, es el de la aventura de mundo abierto o sandbox, como lo conocemos habitualmente. Wasteland, esa “nada” en la que se ha convertido el planeta, le ha venido de perlas al estudio sueco para dar rienda suelta a su espectacular motor gráfico. Nuestro enemigo principal no solo son las bandas que intentarán asaltarnos en el Páramo, sino inclemencias como tormentas eléctricas o pequeños tornados. Pero no adelantemos acontecimientos. El contexto de este Mad Max nos sitúa en el universo que creó Miller, donde la sociedad se ha visto desolada hasta un punto en el que la cordura es algo desconocido. No hay apenas recursos, y los vehículos, el agua y la gasolina son los bienes más preciados. Avalanche no ha basado el juego en ninguna de las películas, pero sí ha sabido plasmar perfectamente un mundo de decadencia donde sobrevivir es nuestra principal premisa.

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Aunque se le ha tachado de copiar de aquí y de allá, el juego tiene una gran personalidad. Lamentablemente, lo que menos convence es su historia, por olvidable y falta de carisma. El punto de partida es tan banal como en cualquiera de las películas (a Max le roban su querido Interceptor), y aunque poco a poco la trama va tomando un cariz más serio y cruel, no termina de cuajar. De hecho, el tramo final tiene una gran carga emotiva, pero la parquedad general de los diálogos y la poca profundidad de los personajes arruinan el momento. Eso sí, también hay personajes muy bien trabajados, como Chumbucket, nuestro mecánico de confianza. Él, al igual que Max, es un gran apasionado del mundo del motor, y nos ayudará desde un primer momento a construir y mejorar el Magnum Opus, el vehículo que le roba protagonismo al Interceptor durante gran parte del juego. El dúo que forman da lugar a conversaciones muy divertidas, donde choca la seriedad y profesionalidad de uno con la pasión y entusiasmo del otro. Por otra parte, el enemigo principal es Scrotus, un tarado con ínfulas de megalómano al más puro estilo Immortan Joe que sabe cabrear al protagonista como nadie.

La aventura tiene un desarrollo muy parecido al de otros sandbox, en el que Warner, la editora, se desenvuelve como pez en el agua (Mordor o Batman son claros ejemplos). La gran novedad son los combates sobre cuatro ruedas, en los que el uso del gancho, un gadget que ya se vio en Just Cause, es imprescindible para salir airosos. En general el control es muy arcade, aunque se ha representado muy bien el terreno sobre el que corremos, ya que cada pequeño desnivel o cambio de superficie afecta a la conducción. Para derrotar a los enemigos contamos, además de con el mencionado arpón, con una embestida lateral, unas lanzas con punta explosiva y una escopeta. Se ha procurado reducir la munición al mínimo para que le demos vueltas a la cabeza en cada enfrentamiento, aprendiendo a administrar con inteligencia el turbo y sabiendo llevar al enemigo a las trampas que propone el propio escenario. Es realmente divertido enfrentarse a una banda mientras vamos en nuestro coche, y aunque siempre podemos optar por el atajo fácil de arrancarles una rueda o sacar al piloto por la ventana, a veces el nivel del enemigo es tan alto que nos tendremos que bajar del coche para invitarles a que hagan lo mismo después de algún que otro intento de atropello.

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El combate cuerpo a cuerpo es probablemente lo mejor del juego. Solo disponemos de un botón de golpeo, pero tendremos que estar constantemente atentos a otros, ya sea para contraatacar o rematar. Nos recordará inevitablemente a Batman, solo que con una mayor contundencia. Mad Max es un juego violento, y en estas lides se explaya con creces. Para entendernos: los golpes, aquí, duelen de verdad. De hecho, contamos con la opción de cargar el puño para noquear al enemigo, y siempre que tengamos la posibilidad, podremos usar armas blancas, lanzas explosivas o bidones de gasolina que destrozan cuerpos al explotar. Al combinar varios golpes con acierto entraremos en el modo furia, con movimientos finales exclusivos que parten cuellos y revientan brazos con facilidad. También, y para evitar que nos cansemos rápido, iremos aprendiendo nuevos movimientos conforme avanza la aventura, donde encontramos algunos tan útiles como un empujón con el hombro. Avalanche ha sabido gestionar de maravilla la aparente simpleza de un sistema de combate que desde lejos huele a Batman, pero que una vez en el ajo es de los más satisfactorios que recordamos.

Este conjunto hace que Mad Max mantenga un equilibrio ejemplar durante todo el juego. El combate en general es sólido, espectacular y divertido, pero no todo se sostiene al mismo nivel. Que la puesta en escena de la historia sea tan pobre no ayuda a tapar unas misiones secundarias incapaces de motivar al jugador. La mayoría de ellas recompensan con chatarra, la moneda principal del juego, y solo algunas son esenciales para poder activar mejoras tanto en el Magnum Opus como en Max. Se ha usado una distribución de botones muy cuestionable, sobre todo porque entorpece el ritmo de juego.

Casi todas las acciones se realizan con el mismo botón, a veces con un toque rápido y otras manteniéndolo pulsado, pero no hay atisbos de una lógica que nos permita interiorizar este patrón. Otro error de diseño son los globos aerostáticos, o lo que es lo mismo: las atalayas de este sandbox. Estos checkpoints suelen ir acompañados de un pequeño puzle que nos pide que llenemos de gasolina un motor para poder hacerlos funcionar. El problema viene con su funcionamiento: son tan lentos ascendiendo y descendiendo que parece la típica broma producida por un silencio largo. De hecho, tuve la mala suerte de quedarme sin combustible en una de estas subidas (que sirven para poder marcar puntos del mapa y activar el viaje rápido), lo que me obligó a reiniciar el juego. En definitiva, errores incomprensibles que alteran el ritmo del juego, oscilando entre la acción más inmediata y la pausa más molesta.

Para poder avanzar debemos superar un buen puñado de misiones de la historia principal (no es un juego corto), que se van alternando entre batallas contra jefes, carreras y conquistas de campamentos. Estas últimas recuerdan a Far Cry 3 y 4, y requieren de mucha destreza para poder superar los distintos tramos. En casi todas las incursiones debemos plantear primero un ataque externo que anule las defensas, y aquí se incluyen tanto los dichosos francotiradores como las torretas que lanzan bombas. Una vez dentro intentaremos no dar la alerta, ya que suele haber un gritón colgado de una cuerda que enfada a los enemigos al ritmo de sus tambores. Cuando capturemos el campamento, recibiremos una dosis de chatarra periódica a la vez que bajamos el nivel de alerta del territorio. En Mad Max también hay hueco para la gestión. No es un juego de supervivencia, pero sí nos obligan a llevar cierto cuidado con nuestras decisiones. El Magnum Opus es indestructible, pero cuando bajan su vida a cero, necesitaremos un par de minutos fuera del mismo para que Chumbucket lo repare. Esto se puede remediar con mejoras que endurecen la carrocería y mejoran su poder de destrucción. Max también puede ser perfeccionado con prendas más resistentes, además de nuevos ataques y combinaciones,. En cuanto al día a día en el Páramo, debemos procurar llevar tanto la cantimplora de agua como el depósito del coche hasta arriba, así como hacer visitas a Griffa, un personaje muy peculiar que además de soltarnos una charla muy mística nos permite subir parámetros como el daño, la vida o los puntos de leyenda, que nos dan acceso a más y mejores objetos.

Captura de pantalla de Pac-Man - 26:9:15 12.09

En Avalanche han vuelto a demostrar que son especialistas en el plano técnico. Los escenarios son increíbles, tanto por iluminación como por partículas que inundan la pantalla. Ver venir una tormenta eléctrica es uno de los momentos más especiales que he experimentado en un videojuego, y es muy fácil perder el tiempo deteniéndonos a admirar el paisaje. Los modelos usados para el protagonista y los secundarios no son gran cosa, y casi todo el trabajo se ha dedicado a escenarios y vehículos. El ciclo día y noche es espectacular, y un completísimo modo foto ayuda a inmortalizar todos los momentos de postal. El sonido, sin embargo, no está a la misma altura. Soy incapaz de evaluar su banda sonora, ya que pasa desapercibida. Tiene un doblaje al inglés correcto, pero en general la sensación que deja el juego es la de un vacío sonoro. De hecho, hay errores constantes de ecualización, como por ejemplo el que experimenté al acabarme el juego, que me dejó sin sonido durante un par de horas hasta que un punto de guardado volvió a activarlo. Mad Max, sobre todo, embelesa en lo gráfico, gracias sobre todo a que hay una actividad constante y nunca baja la guardia. Un convoy enemigo puede sorprendernos en cualquier momento para desatar un festival de explosiones, y cuando creemos que podemos descansar, una tormenta de arena nos obliga a resguardarnos. Un espectáculo visual que demuestra el gran talento de este estudio sueco.

Mad Max no es un juego brillante, pero seguramente se convierta en uno de esos tapados que obtendrán el reconocimiento merecido al final de la generación. Se puede catalogar como “otro sandbox más”, pero lo que hace bien lo borda, y aunque cae en tópicos del género que son difíciles de tolerar, si te gusta mínimamente el universo de las películas, aquí tienes un producto embriagador con el pasar decenas de horas.

Análisis Mad Max
La recreación de WastelandEl sistema de combate, tanto a pie como en cocheEs Mad Max
Errores de diseño bastante estúpidosHistoria y misiones secundarias muy flojas
8Nota Final
Puntuación de los lectores 14 Votos
8.0