Decíamos hace unas semanas que FIFA 16 nos había parecido muy continuista, y es cierto. EA cada año suele incorporar alguna característica novedosa, la mayoría de veces vendida como revolucionaria para acaparar toda la atención. Este año parecía no haber nada, y salvo una inclusión estética como es el fútbol femenino, no sabíamos cómo justificarlo. Pero nada más lejos de la realidad. Los que sois jugadores de PES desde hace años sabéis perfectamente el enorme salto que hubo del 4 al 5, y con esta entrega de FIFA ha pasado algo similar. A simple vista es un calco de la edición anterior, pero con el mando en la mano y después de más de un centenar de partidos he llegado a una conclusión: esto es fútbol.

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La presentación del juego sigue siendo impecable. No falta ese Messi protagonista ni las maravillosas secuencias que salen directamente del anuncio de televisión. FIFA sigue oliendo a fútbol, aunque no solo quiere quedarse con lo más pasional, sino que también ha perforado el núcleo para convertir el correcalles del año pasado en un ejercicio de toque y espacios que muchos pedíamos a gritos. Las claves son el ritmo, la defensa y la portería. Pequeños retoques aderezados con nuevas animaciones por aquí y por allá, más unos tiros con una potencia por fin ajustada a la realidad. Tampoco olvidaron el atrezo, como por ejemplo el spray que usan los árbitros para marcar la distancia o que el jugador se lleve el balón a casa después de un hat trick.

Pero empecemos a desarrollar estas novedades. La primera a destacar es la defensa. Estábamos acostumbrados a atravesar líneas con facilidad, ya sea con largas carreras usando un centrocampista rápido o con un pase al hueco por alto o a ras de suelo. En esta edición todavía podemos romper el entramado defensivo con un toque de magia, pero tendremos que jugar con la cabeza muy despejada para conseguirlo. Los defensas basculan mejor, achican espacios y se anticipan a nuestros movimientos. Son, por fin, un hueso duro de roer en los niveles de dificultad más altos. No faltan las pifias, pero estas son más humanas y creíbles. Un mal control puede plantarte delante del portero, y si sabemos presionar la salida del balón no van a dudar en actuar impulsivamente con un mal despeje. Este cambio ha propiciado que tengamos que desarrollar más que nunca en tres cuartos de campo, algo que demandábamos después de las facilidades de FIFA 15, y que nos ha dejado jugadas maravillosas en la retina, llenas sobre todo de aleatoriedad. Se ha conseguido, a modo de resumen, que sea muy divertido jugar contra la CPU, y esto, puesto en perspectiva, tiene mucho mérito.

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Otro punto destacable son los porteros. Incluso me atrevería a decir que son demasiado eficaces. Cuentan con nuevas animaciones, que han dado pie a nuevos recursos como palmear el balón o salir en un córner con mayor valentía. Los mano a mano los miden mucho mejor, y solo con temple y habilidad podremos dribrarlos. Ya no vale el escorarse ligeramente y chutar. Saben tapar huecos, y rara vez se ven sorprendidos por vaselinas o parábolas desde el borde del área. Los tiros de calidad necesitan encontrar el ángulo para entrar, y las faltas, que no son excesivamente difíciles de marcar, encuentran una reacción más inmediata tras superar la barrera.

Nos queda lo más importante: el ritmo. Aquí incluyo el toque en el centro del campo, las transiciones y los remates. En este aspecto FIFA ha dado un gran salto. Primero por haber igualado la velocidad entre jugadores para evitar que con Neymar o Bale atravesemos todo el campo, y segundo por haber aumentado el porcentaje de error tanto en pases como en controles. A los jugadores parece faltarles un punto de explosividad (quizás exagerado), y solo cuando dejemos sentado al rival podremos esprintar para romper líneas. Este hecho ayuda a fomentar el toque pausado en el centro del campo, y además nos obliga a posicionar al jugador correctamente, ya que dejaron de funcionar los pases de espaldas sin mirar o el típico ping pong imposible de interceptar. Hay más forcejeos que nunca, y solo cracks corpulentos como Pogba o Costa marcan diferencias en un encontronazo. Lo que más me ha gustado son los tiros y remates. No solo por la potencia con la que golpeamos el balón, sino por la gran variedad de remates ¿A quién no le ha enfadado que ante una volea clara el jugador la toque con la cabeza? Eso se acabó en FIFA 16. Aquí, si la pelota viene a media altura y el jugador tiene calidad en sus botas, preparaos para un disparo tremendo, que si alcanza portería emularemos al mítico gol de Mendienta frente al Barça. Estos nuevos remates le dan un plus de espectacularidad al juego, y gusta tanto hacerlos que perderemos oportunidades claras por el mero hecho de ver “si cuela”.

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No me quiero olvidar de añadidos que pueden pasar desapercibidos, como los regates sin balón o un nuevo pase, una “pedrada” que busca un rebote o un hueco imposible. Pero más allá de estas novedades jugables más que agradecidas, que por fin apuestan por la simulación, no podemos obviar la infinidad de modos de juego que se incluyen cada año. Además del típico Carrera (con torneos de verano y entrenamientos individuales), Torneo y Liga, vuelven las Temporadas Online y el plato estrella: Fifa Ultimate Team, ahora con el añadido del Draft. No suelo jugar online, pero gracias a esta inclusión podremos disfrutar desde el primer momento de un buen equipo. Además, el fútbol femenino no solo ha resultado ser un añadido estético, sino que es casualmente el modo más exigente, y en el que nos obligarán a desarrollar las jugadas con mucha paciencia y buen hacer.

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Por lo demás, técnicamente ha variado en iluminación y modelados. La luz es más real, y por fin contamos con estados climáticos como la reclamada niebla. Ahora los jugadores son más parecidos a su homónimo real ¡hasta se han acordado de los tatuajes! Sigo echando de menos un mayor avance tecnológico, ya que parte de los prejuicios que tenía vienen por su aspecto, estancado desde que empezó la nueva generación, pero me temo que a EA Ignite le quedan unos años. Como compensación, seguimos contando con una banda sonora tremenda, que viene para darle el impulso definitivo a ese tema que has escuchado en algún sitio pero no sabes cómo se llama. Los comentarios sin embargo siguen siendo tan olvidables como siempre, y la inclusión de más de 900 cánticos reales puede ser la excusa definitiva para desactivarlos (o ponerlos en inglés, donde sí ha habido un gran trabajo de renovación).

Para terminar, FIFA 16 me ha parecido uno de los mejores juegos de fútbol que he tenido la oportunidad de probar. Cuenta con defectos que sigue arrastrando de ediciones anteriores, pero es la primera edición que apuesta por ralentizar el ritmo, obligando al jugador a desarrollar fútbol. Te puede gustar más o menos su estilo, pero lo que es incuestionable es que es un juego de fútbol ejemplar, con unos valores de producción altísimos, como es costumbre en EA, y que tiene todas las papeletas de permanecer dentro de mi consola hasta mediados del año que viene.

Análisis FIFA 16
Mejoras en defensa, ritmo y porteros. Se apuesta por la simulación.Licencias para todos los gustos.Fútbol femenino.
El motor se está quedando obsoleto.Todavía no han sabido implementar el cansancio como toca.
8Nota Final
Puntuación de los lectores 13 Votos
8.4